Mientras se cierra la presente edición de El Astrolabio, empiezan a aparecer en los medios de comunicación las imágenes de las primeras personas en recibir la vacuna desarrollada por la compañía alemana BioNTech, comercializada y distribuida por Pfizer, para el COVID-19.

Contrario a lo que muchos creían, este desarrollo histórico se dio en un tiempo muy inferior al que normalmente tomaba un encargo de semejante calado, con lo cual la humanidad tendrá la enorme fortuna de no cerrar este año exótico sitiada por un fenómeno paralizante como el que ha representado el nuevo coronavirus, sino con la mirada en alto y con la esperanza intacta por tener una nueva evidencia de lo que es capaz de lograr cuando se establece propósitos ambiciosos y se dedica, de forma humilde y generosa, a conseguirlos.

Los dos principales protagonistas de este inigualable hallazgo son un ejemplo de esas características poderosas: la ambición a la hora de definir propósitos trascendentes, y la modestia a la hora de entender en el cumplimiento del deber la única forma de conseguirlas: una pareja de hijos de inmigrantes turcos que, establecidos en una ciudad alemana de poco más de 200.000 habitantes (algo más grande que la unión de Chía y Cajicá), afirmaron que cuando en el mes de enero leyeron un artículo en The Lancet sobre las características del virus surgido en China, entendieron que, más que una oportunidad para volverse protagonistas, lo que debían asumir con humildad y disciplina era su deber. Aún hoy, después de que la valoración de su empresa pasara en cuestión de meses de USD$4.600 a USD$21.000 millones, y de figurar a diario en todos los medios de comunicación internacionales, siguen siendo la pareja humilde que va todos los días en bicicleta y mangas de camisa a su trabajo, que celebró la noticia de la efectividad de la vacuna desarrollada en sus laboratorios con una taza de té, y que predica desde el ejemplo que en la colaboración, no en el individualismo, está la clave para el mejor desarrollo de la humanidad.

El 2020 ha sido un año aleccionador en muchos frentes, pero sobre todo, en recordarnos a todos lo indispensables que son esos conceptos silenciosos, y potentes: el deber, la humildad, la colaboración. En el Gimnasio Campestre, seguimos entendiendo nuestro papel en promover de manera activa la necesidad de que los jóvenes de nuestro país crezcan en un entorno que les enseñe el valor preponderante que tiene la producción de conocimiento en la construcción de una mejor sociedad, y en que encuentren en el papel modesto y dedicado del investigador una forma de enriquecimiento personal y profesional que los conduzca a ser todos los días seres humanos más útiles, más generosos, y más humildes.

Alejandro Noguera Cepeda
Editor

Edición 19-2

Junio a diciembre de 2020

Mientras se cierra la presente edición de El Astrolabio, empiezan a aparecer en los medios de comunicación las imágenes de las primeras personas en recibir la vacuna desarrollada por la compañía alemana BioNTech, comercializada y distribuida por Pfizer, para el COVID-19.

Contrario a lo que muchos creían, este desarrollo histórico se dio en un tiempo muy inferior al que normalmente tomaba un encargo de semejante calado, con lo cual la humanidad tendrá la enorme fortuna de no cerrar este año exótico sitiada por un fenómeno paralizante como el que ha representado el nuevo coronavirus, sino con la mirada en alto y con la esperanza intacta por tener una nueva evidencia de lo que es capaz de lograr cuando se establece propósitos ambiciosos y se dedica, de forma humilde y generosa, a conseguirlos.

Los dos principales protagonistas de este inigualable hallazgo son un ejemplo de esas características poderosas: la ambición a la hora de definir propósitos trascendentes, y la modestia a la hora de entender en el cumplimiento del deber la única forma de conseguirlas: una pareja de hijos de inmigrantes turcos que, establecidos en una ciudad alemana de poco más de 200.000 habitantes (algo más grande que la unión de Chía y Cajicá), afirmaron que cuando en el mes de enero leyeron un artículo en The Lancet sobre las características del virus surgido en China, entendieron que, más que una oportunidad para volverse protagonistas, lo que debían asumir con humildad y disciplina era su deber. Aún hoy, después de que la valoración de su empresa pasara en cuestión de meses de USD$4.600 a USD$21.000 millones, y de figurar a diario en todos los medios de comunicación internacionales, siguen siendo la pareja humilde que va todos los días en bicicleta y mangas de camisa a su trabajo, que celebró la noticia de la efectividad de la vacuna desarrollada en sus laboratorios con una taza de té, y que predica desde el ejemplo que en la colaboración, no en el individualismo, está la clave para el mejor desarrollo de la humanidad.

El 2020 ha sido un año aleccionador en muchos frentes, pero sobre todo, en recordarnos a todos lo indispensables que son esos conceptos silenciosos, y potentes: el deber, la humildad, la colaboración. En el Gimnasio Campestre, seguimos entendiendo nuestro papel en promover de manera activa la necesidad de que los jóvenes de nuestro país crezcan en un entorno que les enseñe el valor preponderante que tiene la producción de conocimiento en la construcción de una mejor sociedad, y en que encuentren en el papel modesto y dedicado del investigador una forma de enriquecimiento personal y profesional que los conduzca a ser todos los días seres humanos más útiles, más generosos, y más humildes.

Alejandro Noguera Cepeda
Editor

Edición 19-2

Junio a Diciembre de 2020